19 de marzo de 2015

Baile de lenguas - Capítulo I: Bachata


Mi casa era un ático bastante grande que me gustaba mucho. Me había ido a vivir ahí con dieciocho años para estar más cerca de la academia donde entrenaba ocho horas cada día. Aunque yo siempre me quedaba un rato más o volvía a casa y seguía entrenando por mi cuenta. El baile era mi pasión y lo único que sabía hacer bien en la vida.

Ahora trabajaba como soporte técnico en una empresa. El sueldo estaba bastante bien y me había permitido remodelar toda la casa, comprarme un coche más grande y actualizar mi fondo de armario. Pero seguía sintiendo que me faltaba algo y nada de lo que hiciera servía para llenar ese vacío. Y es que ya hacía un año que no bailaba, ni me acercaba a ver competiciones, ni escuchaba música. Vivía entre el trabajo y estas cuatro paredes, no existía mundo para mí fuera de esto. Ya no.

Mi familia y mis amigos fueron una gran ayuda durante mucho tiempo, luego solo quedaron mis padres y tres amigas del instituto. Todos los demás se habían ido hacía tiempo. En parte les entiendo, hicieron todo lo que pudieron para sacarme de mi depresión y mi estado huraño, pero no consiguieron nada y acabaron cansándose. Demasiado rápido, para mí gusto. Deberían de haberlo intentado más, pero tampoco puedo quejarme, ellos tenían sus vidas y no las iban a parar por mí.

Baile de lenguas - Introducción



Introducción de Baile de lenguas:

Al sur de España, en una ciudad cercana a la frontera con Portugal vivía Sabina, o Sabi que es como la llaman sus amigos. Sabi era bailarina profesional de ballet. Lo practicaba desde los siete años y compitió desde los doce hasta los veinticuatro, cuando un terrible accidente de tráfico le fracturó la tibia y el peroné en tres partes.

El accidente la alejó para siempre del baile y la sumió en una constante depresión de la que no veía salida. El baile era su vida, no sabía hacer nada más.

Hasta que un día conoció a alguien en el lugar más inesperado y en el momento más oportuno, a Yago. Él la salvó de sí misma de la única forma que se podía: bailando.